lunes, 4 de agosto de 2014

El triunfo máximo del vino argentino

El triunfo máximo del vino argentino
James Suckling le dio a Cobos 2011 la calificación de 100 puntos, es decir un vino cercano a la perfección. Y ellos dicen que es un triunfo del vino argentino.

El camino hacia la perfección pareciera ser un inmenso cúmulo de lecciones que aprender. Sin embargo no son lecciones anotadas en algún libro de oro, ni escuchadas de un oráculo milenario, mucho menos transmitidas entre las generaciones. El camino a lo más alto aparece sin marcas en el mapa, sin señales, sin respuestas, sólo aquel que se atreva a enfrentar la cumbre de a un paso en vez, con constancia, paciencia, visión crítica y sacrificio, logrará llegar y subsistir.
Y es allí el preciso lugar donde los distintos jamás se sientan a descansar, miran desde esa nueva perspectiva, respiran profundo, reinventan un desafío porque entienden que el camino es quien lo forja.
Hasta acá parece una arenga motivacional para algún equipo de la elite deportiva, quizás una historia que se cuenta a vendedores desmotivados para que salgan a comerse la cancha, o tal vez esas palabras que se susurran al oído de un adolescente que no encuentra la salida. Nada de esto es cierto. 
Ese párrafo que leyeron hace trescientos caracteres es la descripción de lamentalidad apasionada de un triunvirato perfecto de enólogos que ya no son unos más, ahora son una especie de bandera, tal vez un idioma, sin dudas embajadores del vino argentino por el mundo.
Una mujer con dulzura y temple: Andrea Marchiori, un hombre sobrio, constante y convencido: Luis Barraud, un padre sabio de la vida sin tiempos: Paul Hobbs. Ellos tres hicieron de un hecho azaroso, de un encuentro tan alejado como fortuito, la arcilla fuerte con la que se construyó la mística de Viña Cobos.
Ojo, y no hablo de edificios (que lo tienen y muy lindo), tampoco de fincas (que las tienen muy bien cuidadas), hablo de una forma de respirar dentro de una bodega, de una manera de escribir un libro que quedará para siempre como signo de estos tiempos.
Ellos, están unidos por un particular ADN que los atraviesa, hacer vinos argentinos que se inserten en la gran discusión de los vinos del mundo. Cobos, su vino insignia, lleva ya 15 años de nacido y, en reunión cumbre de los tres con su equipo, año tras año repiten la gran pregunta: la calidad de esta finca de Don Nico (Marchiori) en esta cosecha merece ser embotellada con el corazón de Cobos? La respuesta no siempre ha sido positiva, pero siempre ha sido franca (no todos los años las condiciones climáticas aseguran la elaboración de ese gran vino). 
El resultado, ser uno de los vinos más constantes en las puntuaciones altas de vinos argentinos por los diferentes críticos internacionales. Vale recordar queJames Suckling (http://www.jamessuckling.comle dio a Cobos 2011 la calificación de 100 puntos, es decir un vino cercano a la perfección. Y cuando uno los indaga al respecto, ellos dicen que es un triunfo del vino argentino. Cuando uno busca ver cómo se acomodaron la corona de laureles, se da cuenta que ellos le tienen alergia a las coronas. Ellos se emocionan ante el reconocimiento de sus profesores y colegas. Ellos miran el cielo cuando ven a sus hijas creciendo en libertad.
Son tres socios, camaradas, compañeros que llegaron a la cima, pero jamás se sentaron a descansar, Paul dice con gesto fuerte: hay que profundizar mucho en el malbec. Andrea asevera: nos queda mucho por expresar con el malbec en Argentina. Luis mirando a un punto propio confirma: el malbec va a seguir creciendo porque el malbec es la sangre de Argentina
Y los tres prueban con orgullo una botella de Cobos Volturno (otro súper top con base en Cabernet Sauvignon) y concuerdan que es un inmenso vino (para mi, una noche fresca y estrellada leyendo poesía). Y los tres, hacen grandes chardonnay, en definitiva hacen muy bien todo lo que hacen, pero el malbec es la reinvención constante de sus miradas, es su deber máximo, su himno y el aire que llena sus pulmones y su alma, el camino que surcan y del camino que más aprenden.
Si señores, en Mendoza existe un sólido equipo de trabajo que tiene por punta de flecha a un triunvirato de apasionados. Un equipo que vive el vino porque está formado por gente que todas las mañanas se miran, se comprometen, se emocionan porque Viña Cobos y sus vinos perfectos alimentan su futuro y el futuro de Mendoza.
Nota: Agradecemos por medio de Claudia Piedrahita y Carolina Macaya a todas las personas que desde sus diferentes roles ayudan a que Andrea, Luis y Paul puedan hacer historia con sus vinos. 
Por Jose Bahamonde en Agosto 2014




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